Elogio en el poder
El ejercicio del “poder”, en cualquier cargo, encargo o despacho viene con un terrible predicamento. Una preocupante añadidura: el elogio. La alabanza hacia quienes ejercen el poder es un ciclo interminable de narrativa aduladora, endulzante y embriagadora, cegadora y complaciente.
El elogio es connatural al propio poder. El ejercicio del poder conduce a esa máxima: aplausos aún en las sinrazones, efervescencia festiva y estridente. Es ceguera compartida. Es un festín colectivo de adulación.
En tiempos de masificación digital, el elogio se ha enraizado aún más en las aristas del poder. Es magnificada por los mil artilugios que la sociedad hiperconectada pone a su disposición. No sólo es una reacción connatural a éste, es también un oficio y profesión. El posmoderno oficio del testaferro digital de la verdad o el sempiterno artesano de las alabanzas, usufructuando la........
