La jaula de las emociones
El silencio nos ha abandonado. No hay quietud ni pausa en nuestras emociones. La polarización es un pantano estridente. Si leemos en papel no hay con quien discutir virtualmente. Doblar el periódico y arrojarlo al bote de basura sólo nos calmará por unos segundos. No hay emoticones, reposteos o insidias digitales. Y viene el aburrimiento. Por eso buscamos el callejón digital para ejercitar la condescendencia.
Y si nos cae del cielo un conflicto nos subimos a la ola de la desinformación (surfear hasta el hundimiento). Lo que ocurrió el fin de semana pasado en las redes sociales, en torno a la figura de El Mencho, comprueba que requerimos de una alfabetización mediática. Responsabilizar sólo a los profesionales de la comunicación por difundir información no verificada no resuelve el tema de fondo.
Juan Manuel Martínez Trejo, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, me contó que la propagación de noticias falsas este domingo se activó porque existía “un clima emocional de tensión elevado”. Sabemos que los estudiantes se informan a través de las redes sociales y, ante este panorama, le pregunté qué recomendaciones les daba a sus alumnos para entender este fenómeno mediático: “como ciudadanos debemos ser cuidadosos antes de difundir (aunque el temor, en este caso, haga más difícil esa tarea); los comunicadores y medios tienen que hacer frente a la rumorología”, y pide, además, que las autoridades “tengan reacciones ágiles para contrarrestar las noticias falsas”.
Aquí entran las Universidades, sus expertos deben atajar las especulaciones y dar certezas (no importa que sea fin de semana o día feriado). Más que retórica, contrapeso a los grupos de presión. Desde las aulas se incide en la arena pública. El Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey publicó un estudio detallado que tituló: Desinformación tras el abatimiento de “El Mencho”: volumen, velocidad y alcance. Una de sus conclusiones es que “la desinformación se propaga más rápido que la verificación oficial, por lo que la fase más vulnerable son las primeras 6 a 12 horas”.
El periodista Diego Salazar nos comparte en su libro No hemos entendido nada algunas viñetas sobre la complejidad de la comunicación: “Internet y, sobre todo, las redes sociales, no han ensanchado los muros de la arena que como sociedad habíamos construido para albergar la discusión pública. En lugar de ampliarla la han roto en mil pedazos”.
POR DANIEL FRANCISCO Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM @dfmartinez74
