El héroe de la película
A lo largo del tiempo se ha debatido el papel del “héroe”. Alguien que con su visión y voluntad puede cambiar el destino de una nación o salvar de último minuto una situación desesperada. Pensadores como Thomas Carlyle han sido cuestionados por darle demasiado peso al liderazgo de un solo individuo en el curso de acontecimientos históricos (“Los héroes”, Porrúa, 2012). Con todo, existen ejemplos de personalidades que, como Winston Churchill, lograron convocar a otros para superar una catástrofe en “los momentos más oscuros”, cuando todo parecía perdido para la humanidad.
Ahora mismo está surgiendo una figura improbable que busca marcar una diferencia en el turbulento e incierto mundo de hoy: el primer ministro de Canadá, Mark Carney.
Hijo de profesores, estudió en las universidades de Harvard y Oxford. Se dedicó a las finanzas y ya como servidor público respondió a dos grandes crisis: la económica de 2008 que se desató en Estados Unidos (EU) como gobernador del Banco de Canadá y, luego, la del Brexit en 2013 como gobernador del Banco de Inglaterra. En 2020 fue nombrado Representante Especial de la ONU para Cambio Climático y Financiamiento y, sin una carrera política previa en su natal Canadá, Carney “entró al quite” a principios del año pasado.
Cuando Donald Trump ganó por segunda vez la presidencia de EU a finales de 2024, el entonces primer ministro Justin Trudeau ya sabía lo que significaba tratar con el “predador hegemónico”, como le llama el profesor Stephen Walt. Así, ante la tormenta que ya se veía venir, Trudeau renunció al cargo.
De manera hasta cierto punto sorpresiva, Carney asumió el liderato del atribulado Partido Liberal y luego ganó las elecciones en abril de 2025, aunque sin mayoría en la Cámara de los Comunes. De hecho, apenas en estos días los Liberales sumaron un escaño y se tiene que convocar a elecciones para suplir tres asientos vacíos. Si ganan, el primer ministro podría gobernar con una mayoría hasta 2029.
Carney hizo grandes promesas de campaña y elevó las expectativas de que cumpliría el mandato popular recibido en las urnas: plantarle cara a Trump. Acto seguido, ante los inusitados dichos de que el vecino país del norte debería ser el “estado 51” de la Unión Americana, Carney subrayó que Canadá “no se vende”.
Frente a las recriminaciones comerciales y los aranceles unilaterales impuestos por Trump, el canadiense respondió con una Oficina para Grandes Proyectos que busca fortalecer su economía. En septiembre y noviembre anunció una serie de propuestas industriales, tecnológicas, de energía e infraestructura con una inversión por un total cercano a los 115 mil millones de dólares.
Ante los designios expansionistas de Trump, detallados en sus nuevas estrategias de Seguridad Nacional y de Defensa, Carney respondió con su ya famoso discurso en el Foro Económico de Davos: el viejo orden mundial “basado en reglas” ya no existe. Con mayor valor aún, incitó a las potencias medias a reaccionar y construir alternativas a las pretensiones hegemónicas de EU.
Algunos comentaristas critican la “imprecisión de su ruta alternativa”, quizá desconociendo la forma en la que Carney ha procedido en los hechos. Para muestra, se ha enfocado en lo prioritario: la seguridad. Le está dedicando a las fuerzas armadas y la industria de defensa de su país unos 500 mil millones de dólares para ganar un mayor margen de autonomía estratégica con EU.
En la misma línea, Canadá se incorporó a SAFE, el mecanismo de la Unión Europea de “Acción en Seguridad”. Con ello, Canadá no sólo participará en el replanteamiento de la política de defensa en ese lado del Atlántico y el apoyo a Ucrania en la guerra contra Rusia, sino que también le abre oportunidades a su propia industria de armamento, justo cuando aumentan los presupuestos.
Carney también viajó a Beijing para establecer una “asociación estratégica” con China, desencadenado amenazas varias por parte de Trump; y, por supuesto, acaba de enviar una gran delegación comercial a nuestro país, en seguimiento al recientemente acordado Plan de Acción México-Canadá 2026-2028.
Uno de los proyectos más ambiciosos de Carney, sin embargo, va más allá de la región que compartimos. Está adoptando un papel protagónico para impulsar no un acuerdo formal, pero sí un entendimiento funcional en áreas como reglas de origen para productos manufacturados, entre los países de la Unión Europea y los del Tratado de Asociación Transpacífico (CPTPP). Es decir, medio mundo.
México y Canadá ya están conversando al respecto, según confirmó una fuente de alto nivel de Relaciones Exteriores (José Carreño, “Un esfuerzo a seguir”, El Heraldo, 18/02/26). Es una muy buena noticia, aunque no hay que pecar de ilusos. El canadiense está promoviendo el interés nacional de su país y, como apuntó Eduardo Porter en un reciente ensayo, las perspectivas para transitar a un nuevo orden global como propuso en Davos son complejas (tinyurl.com/yszth8m9). Aun así, llamar a las cosas por su nombre. Establecer programas de desarrollo e inversión viables. Convocar a las potencias medias para articular un sistema internacional en donde más actores puedan ganar sumando. Dar pasos firmes y congruentes con lo que se dice. ¿Quién hubiera dicho que el canadiense Mark Carney podría acabar siendo el héroe del momento?
POR CARLOS GARCÍA DE MUCHA
INTERNACIONALISTA DEL COLMEX Y CONSULTOR EN COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA.
