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Cambio de tono en la Unión Europea

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16.03.2026

Europa ya no puede ser custodia del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá. Esta frase, que Ursula von der Leyen pronunció en la reunión de embajadores del Servicio Diplomático de la Unión Europea, encendió el debate sobre cómo debería reaccionar la UE al cambio del orden internacional. La presidenta de la Comisión Europea fue criticada por algunos eurodiputados y Estados miembros. Se escucharon también voces de cuestionamiento en el Sur Global donde se aprecia el poder normativo de la UE, pero no necesariamente la idea de una Europa fuerte.

Ahora bien, saber leer señales de cambio es importante y adaptarse al entorno internacional en transformación es aún más relevante. Aplica no solo a la UE, sino también a otros actores internacionales que durante los últimos meses han optado por ajustar su política exterior a una realidad internacional en la que la fuerza sustituyó al lenguaje de la diplomacia y los aliados dejaron de comportarse como amigos. El camino es mediante el fortalecimiento de las capacidades de defensa y la diversificación de las relaciones económicas, sin renunciar a los valores.

El discurso de la presidenta de la Comisión Europea se inscribe en este contexto, planteando la necesidad de situar los intereses en el centro del trabajo diplomático, con tres ámbitos muy claros: seguridad y defensa, comercio e inversión, y gobernanza global a través de la ONU y otros formatos innovadores. Además, reconoce que ya no es posible “resolver todos los problemas globales ni conciliar perfectamente nuestros valores y nuestros intereses en cada ocasión”.

Si la integración europea se considera hoy un éxito es porque, a lo largo de más de siete décadas de historia, este proyecto logró adaptarse y evolucionar junto con el contexto regional europeo en transformación. Si no fuera así, seguiríamos con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, con la que seis países iniciaron la integración en 1951, y nos estaríamos preguntando hoy para qué nos sirve esta estructura obsoleta. Algo que le pasa ahora a la ONU y a muchas otras organizaciones regionales que no funcionan en lo básico, no le pasó a la integración europea que sigue siendo un proyecto único y atractivo para sus miembros.

Cuando a finales de los 80 caía el comunismo en Europa, los países que integraban el proyecto europeo firmaron el Tratado de Maastricht y lanzaron una nueva etapa de integración a través de la Unión Europea. Esta decisión llevó en las siguientes décadas a logros tan importantes como la construcción de la Unión Económica y Monetaria y la modernización de los países poscomunistas gracias a su integración en la UE. Aunque hoy no habrá un tratado nuevo y hay grandes retos que plantean algunos de sus miembros, socavando la cohesión de la organización, lo mínimo que debe hacer la UE en el marco del cambio del orden internacional es cuidar sus intereses y fortalecerse frente a las guerras en la vecindad.

POR DRA. BEATA WOJNA 

PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY


© El Heraldo de México