Victoria Pírrica ó Parto de los Montes
Pirro de Epiro, rey griego que combatió contra la República Romana en el siglo III a.C. logró vencer a los romanos en batallas como Heraclea y Ásculo, pero sufrió pérdidas humanas tan graves que sus victorias resultaron insostenibles, dando origen a la expresión “victoria pírrica”; en cuanto a “el parto de los montes”, proviene directamente de una fábula de Esopo en donde los montes parecen estar a punto de dar a luz entre estruendos y temblores, generando gran expectación y miedo… pero finalmente paren un pequeño ratón. El sentido moral es claro: mucho ruido, para muy poco resultado.
Estas míticas concepciones reflejan con claridad lo que finalmente sucedió con las iniciativas de reforma electoral que presentó la presidenta Sheinbaum ante el Congreso, denominadas Plan A y Plan B.
Al final del camino ni siquiera hubo reforma electoral, pero sí se manifestó la incapacidad de la operación política del régimen y el manejo inadecuado, particularmente del Senado de la República; la sesión de este órgano congresional fue verdaderamente absurda, no solo por las recurrentes expresiones inadecuadas y fuera de contexto, que una vez más se dieron con las intervenciones, entre otras, de Lily Téllez, Fernández Noroña y la desafortunada de Saúl Monreal, quien debería pedirle consejos de comportamiento legislativo a su hermano mayor.
Más allá de lo anecdótico, en esa sesión se desgañitaron desde la bancada morenista en defender la propuesta de cambio de fecha y contenido de la Revocación de Mandato, aun cuando finalmente votaron quitarla de la discusión, y no considerarla, como debería haber sido en el tablero correspondiente, y emitiendo personalmente su voto los senadores.
Para la Presidenta no hubo argumentación ninguna para rechazar su propuesta; sin embargo, basta leer el artículo 134 constitucional, que impide la participación en tiempos electorales de los funcionarios públicos, y que fue leída en el Pleno a solicitud de la senadora Carolina Viggiano.
Finalmente, por buenas o malas razones, se evitó esta reforma que, a diferencia de todas las anteriores, no se consensuó con los partidos minoritarios; se trataba simplemente de consolidar la transición del partido dominante al partido hegemónico, misma premisa que pervive en todo el proyecto legislativo de Morena con el propósito claro de conservar el poder.
Las reformas constitucionales que se aprobaron son inocuas e innecesarias, pues los mismos objetivos propuestos de austeridad se podrían haber obtenido, dado que de los 12 congresos locales cuyo presupuesto rebasa el punto siete por ciento, 10 son de gobiernos morenistas, y la mayoría de los municipios que tienen más de 17 regidores o más de una sindicatura también las controla este partido. En cuanto a los supuestos privilegios de los funcionarios electorales, bastaría limitarlos en el Presupuesto de Egresos de la Federación y, en todo caso, en una reforma a la legislación secundaria.
Lo trascendente hacia el futuro es que en el tablero político la coalición con el Partido Verde y el PT puede resquebrajarse después de pasar la aduana de las elecciones del 2027, y pensando en la elección presidencial del 2030, donde estos partidos y otros más podrían constituir una candidatura presidencial distinta de la de Morena.
Cada día, al interior de las dirigencias, más allá de las expresiones públicas, existen contradicciones y discusiones que tienen que ver con el ascenso al poder y a las candidaturas federales, estatales y municipales.
Es claro que se trató de un parto de los montes o de una victoria pírrica.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM
