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Narcopolíticos sinaloenses

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Era casi imposible que Rubén Rocha Moya saliera limpio. No porque exista una prueba definitiva en su contra. Es por el peso de una historia que, en Sinaloa, funciona como antecedente y coartada al mismo tiempo.

Diversos historiadores —Froylán Enciso, Benjamin T. Smith, Luis Astorga o Juan Fernández— han documentado que, a finales de la década de 1930, en los Altos de Sinaloa se prepararon para una segunda fiebre del opio. Entre los mayores contrabandistas figuraba Melesio Cuén, entonces alcalde de Badiraguato y padre del homónimo exrector de la UAS, asesinado durante el secuestro de Ismael Zambada, en julio de 2024. También estaba Eliseo Quintero, un revolucionario que pasó de gobernador interino de Sinaloa a convertirse en el principal proveedor de opio y, de paso, en eslabón temprano de la genealogía criminal que más tarde encarnarían los Caro Quintero y los Quintero Payán.

En la década de 1940, el gobernador Rodolfo T. Loiza fue asesinado por uno de los primeros sicarios de la historia: Rodolfo Valdez, El Gitano. Pablo Macías, entonces candidato a la gubernatura, fue acusado por El Gitano de la autoría intelectual. La razón: Macías había pactado con un grupo de “gomeros” contrario al que Loaiza protegía. Aun así, Macías gobernó........

© El Heraldo de México