Roberto Solís: la intuición de seguir en casa
No recuerdo la fecha exacta en que conocí al chef Roberto Solís, pero fue hace más de diez años. Viajamos a Mérida para acompañar a la chef Paola Garduño, quien impartiría una conferencia en la Universidad del Mayab ante jóvenes estudiantes de gastronomía. Íbamos Alejandra, mi hermana; Sergio Berger; Paola y yo. Nos hospedó generosamente Raul Casares en su casa, y la primera noche organizó una cena con un pequeño grupo de amigos. Entre ellos estaba Eduardo Solís Cámara, apellido profundamente yucateco, orgulloso y sonoro.
Durante toda la velada nos habló de su hermano Roberto. Lo describía como un joven cocinero talentoso, inquieto, decidido. Apenas estaba empezando, nos decía, pero tenía algo distinto. Eduardo insistió en que le diéramos la oportunidad de asistir a la conferencia de Paola, y que pudiéramos conocerlo. Esa noche, además, nos invitó a un pequeño restaurante que Roberto acababa de abrir. Un lugar sencillo, casi discreto. Así fue mi primera experiencia en Néctar.
Recuerdo un espacio íntimo, sin pretensiones grandilocuentes, pero con una claridad de intención que pocas veces se ve en proyectos tan jóvenes.........
