Los ingleses, el fútbol y los pastes llegaron en el mismo barco
Así ocurrió también hace 40 años. En los octavos de final del Mundial de 1986 viví, desde las tribunas del estadio Universitario de Monterrey, el partido entre México y Alemania. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. México cayó en la tanda de penales y, al abandonar el estadio, el silencio de miles de aficionados decía más que cualquier palabra. Era la tristeza compartida de un país que veía escaparse un sueño.
El domingo volví a experimentar una sensación similar.
El equipo de Javier “El Vasco” Aguirre peleó hasta el último instante. En los minutos finales, México dominó el encuentro, empujó con el corazón y nos hizo creer que el gol del empate podía llegar en cualquier momento. No sucedió. Pero sería injusto quedarse únicamente con el marcador. La selección dejó todo en la cancha, disputó cada balón con entrega y, sobre todo, nos devolvió la........
