Patriotas y ¿cómplices?
Sí, existe el peligro injerencista de Estados Unidos en México, como ha ocurrido en otros países. No hay duda al respecto.
Ante ello, el encendido discurso nacionalista presidencial del domingo pasado cumple no sin riesgos con una función, pero presenta más de una contradicción. Entre ellas, una mayor: no se puede llamar a defender la soberanía y, de soslayo, a encubrir a los políticos locales de talla que la han expuesto al haberse asociado presumiblemente al crimen.
Disuena ser patriota y cómplice de traidores o confundir soberanía con impunidad.
Sin coincidir a plenitud con el planteamiento, la mandataria no yerra al decir:
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera; cuando se normaliza la idea de que ‘otro país puede intervenir en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos’ ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia. México, que se oiga claro y que se oiga fuerte: ¡no acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano! Porque es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas porque primero, hay que tenerlo claro, vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México”.
Cierto, cabe dudar de la legitimidad de ese interés, pero la respuesta no es incurrir en encubrimiento, emprender indagatorias........
