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Serlo y parecerlo

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27.07.2026

Lunes 27 de Julio de 2026

Un país sin instituciones judiciales y de investigación confiables es un país condenado, donde todos –tarde o temprano– terminamos pagando la ausencia de esos elementos imprescindibles para la vida en sociedad. En México, esto no se trata únicamente de una percepción; es algo que está respaldado por los datos. Según el INEGI, durante 2024, 93.2% de los delitos no fueron denunciados o no terminaron en una investigación.

Es cierto que vivimos un momento de transformación universal. Buena parte del futuro dependerá de las aplicaciones que decidamos dar a las herramientas creadas por los grandes triunfadores de nuestro tiempo: los tecnólogos y quienes hicieron posible la revolución digital.

Precisamente por eso resulta todavía más difícil comprender nuestro desamparo. En medio de esta dictadura algorítmica, vivimos tan fichados que las plataformas parecen saber mejor que nosotros mismos cuántos rollos de papel higiénico consumimos, cuántas cajas de Kleenex utilizamos, dónde estamos, qué compramos y qué queremos. Sin embargo, cuando se trata de determinar responsabilidades políticas o criminales, la incertidumbre legal e institucional continúa siendo gigantesca.

Nunca he entendido por qué a Estados Unidos se le ha concedido no solo el beneficio de la duda, sino también la ventaja institucional. Pese a Trump, al trumpismo y a todos sus excesos, su sistema de justicia conserva un crédito internacional que el nuestro ha dilapidado. Washington acusa, sanciona, investiga y señala; México, en cambio, suele responder desde la tribuna política, envuelto en la bandera y sin un expediente propio con el cual defenderse.

El ejemplo más reciente es difícil de ignorar. El 13 de julio, el director de la DEA, Terrance Cole, afirmó públicamente que existía una “conexión mortal” entre las redes de los cárteles y el gobierno mexicano, y llegó a sostener que ambos “son una misma cosa”. Se trata de una acusación gravísima formulada por el titular de una agencia del gobierno estadounidense, no de una simple declaración perdida en una entrevista o sin trascendencia.

Nunca he entendido por qué nunca hemos tenido la valentía de responder y ordenar una investigación judicial solvente que determine si las acusaciones que formula una y otra vez el régimen de Washington tienen sustento. Si........

© El Financiero