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Las campanas suenan por la justicia

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20.07.2026

La primera vez que se utilizó en una declaración internacional la expresión que daría forma al concepto de crímenes contra la humanidad fue el 24 de mayo de 1915. Francia, Gran Bretaña y Rusia denunciaron las matanzas de armenios en el imperio otomano como “crímenes contra la humanidad y la civilización” y advirtieron que sus responsables responderían personalmente. En 1919, terminada la Primera Guerra Mundial, aquel principio pasó de la denuncia política al terreno de la responsabilidad penal internacional.

Ante las barbaridades cometidas por los alemanes durante su avance hacia Francia, las potencias vencedoras intentaron establecer responsabilidades. Alemania había invadido Bélgica y Luxemburgo, violando su neutralidad, y asesinado a miles de civiles. Alrededor de seis mil belgas murieron durante aquella ofensiva. Lo volverían a hacer, esta vez también cruzando los Países Bajos, durante la Segunda Guerra Mundial.

Fue también la primera vez que se intentó atribuir la responsabilidad última de una guerra a una persona concreta: el káiser Guillermo II. El artículo 227 del Tratado de Versalles lo acusó de una “ofensa suprema contra la moral internacional y la santidad de los tratados”. Aunque todavía no utilizó jurídicamente la figura de los crímenes contra la humanidad, introdujo un principio extraordinario: un jefe de Estado podía responder ante un tribunal internacional por las decisiones tomadas durante su gobierno.

¿Cuál era el contexto? Las monarquías enfrentadas pertenecían, en buena medida, a la misma familia. La reina Victoria había sido abuela de Guillermo II y del rey británico Jorge V. El zar Nicolás II era primo hermano de Jorge V y estaba emparentado por matrimonio con el káiser. Victoria había sido no solo la pariente más poderosa e importante, sino también el gran referente moral de aquella familia europea.

Sin embargo, ni la sangre ni los vínculos entre las coronas lograron contener a los Estados, los nacionalismos, los intereses militares y las ambiciones imperiales.

El imperio austrohúngaro no estaba dispuesto a dejar impune el asesinato de su heredero, el archiduque Francisco Fernando, ocurrido en Sarajevo el 28 de junio de 1914. Austria-Hungría presentó a Serbia un ultimátum tan severo que difícilmente podía aceptarse por completo. Aunque el gobierno serbio admitió la mayoría de las exigencias, rechazó aquellas que comprometían su soberanía. Viena consideró insuficiente la respuesta y le declaró la guerra el 28 de julio, fecha que marcó el inicio formal de la Primera Guerra Mundial.

Las grandes potencias tampoco calcularon la magnitud de lo que estaban desencadenando. Sus gobiernos y estados mayores creyeron que podrían controlar o aprovechar el conflicto y que este terminaría pronto. Italia permaneció inicialmente neutral y Japón entró semanas después, pero casi todos subestimaron su duración y capacidad destructiva.

El káiser Guillermo II jugó hasta el último momento con su primo, el zar Nicolás II. La movilización........

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