La dictadura de la IA
Ya está aquí. Llegó de una manera anunciada, precedida por múltiples advertencias y, lo que es más importante, a caballo de nuestras necesidades, nuestros miedos y nuestros sueños.
A partir de ahora, la IA –o, lo que es lo mismo, la inteligencia artificial– rige ya algunas funciones de gobierno y, según parece, terminará rigiendo también grandes parcelas de nuestra vida.
Sin duda, este es uno de los cambios más importantes a los que se ha enfrentado la humanidad. Posiblemente, el mayor desde que descubrió que el fuego, si se controla, sirve, y que la rueda podía cambiar por completo hasta dónde era capaz de llegar.
La inteligencia artificial no solo modifica las estructuras sociales y laborales de los países. Introduce una situación verdaderamente nueva, basada en una premisa que nunca había existido: es un mecanismo alimentado y regido por nuestras propias preguntas, nuestras respuestas y nuestros conocimientos.
La hemos creado a nuestra imagen y semejanza. Sin embargo, dentro de muy poco, quizá sean nuestro pensamiento y nuestra manera de trabajar los que terminen hechos a imagen y semejanza de la inteligencia artificial.
La máquina por encima del hombre. Eso es lo que significa.
Se trata de un cambio draconiano y copernicano en las ocupaciones, en los trabajos, en aquello a lo que vamos a dedicarnos y, sobre todo, en aquello de lo que tendremos que vivir.
Un científico, profesional de la medicina, me explicó un caso que permite comprender la dimensión de esta transformación. Una investigación que antes podía requerir tres años de trabajo y la participación de 15 especialistas de distintas disciplinas llegó a resolverse, en gran parte, en menos de una semana mediante el uso de la inteligencia artificial.
La pregunta es si el resultado será tan........
