Nunca es tarde, presidente Noboa
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Desde hace ocho años las relaciones de Colombia y Ecuador han atravesado un camino lleno de desencuentros, ocasionados por decisiones unilaterales del vecino país, que han sido respondidas con una persistente actitud de Colombia de fortalecer la seguridad en la frontera, combatir el narcotráfico, acudir a las instancias de solución de controversias establecidas por los tratados y acuerdos vigentes, y privilegiar las vías diplomáticas para superar el permanente estado de crisis generada por la unilateralidad, que afecta la economía, la cooperación, el libre tránsito de personas y mercancías, y en general, todos los espectros de las relaciones binacionales.
Desde 2018, Colombia ha desplegado todas las herramientas diplomáticas a su alcance para mantener y fortalecer el cauce normal de las relaciones, obteniendo inflexibilidad y falta de voluntad real para avanzar en un proceso de negociación. Ese año, como se recuerda, Ecuador impuso restricciones a los productos pecuarios de Colombia, que, a pesar de que en 2020 el país fue declarado libre de aftosa, se mantienen. Desde entonces, la relación bilateral ha vivido tiempos de enormes desafíos. Seguridad, migración y crimen trasnacional son tres caras de un fenómeno en la frontera común, con varias décadas de existencia, frente al cual ha sido manifiesta la voluntad del presidente de la República, Gustavo Petro, de enfrentar a los grupos irregulares que se nutren de economías ilegales y golpean a la población en ambos países.
Como canciller he asistido a varias reuniones bilaterales con mi colega del vecino país, sin que haya sido posible avanzar más allá de declaraciones que terminan de manera indefinida........
