Recordando al poeta de la taheña barba
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Cuando un borracho, un estibador enrumbado o un albañil — descendiente de aquellos que construyeron Tebas— declama algunos versos extraños, musicales, casi siempre llenos de palabras altisonantes, entonces estamos ante un fenómeno extraordinario: el poeta pertenece al pueblo. Quién creyera que en bohemias infinitas se recuerde a Rosa del Cauca, la Venus de Bolombolo, la de los “perfectos muslos”; o se cante aquello de “Juego mi vida, cambio mi vida / de todos modos la llevo perdida”.
Quién pudiera creer que de Amagá a Titiribí o del Cangrejo a La Pintada, se recite en fondas camineras el Relato de Ramón Antigua (“llegaron a La Herradura, / palacio de zinc y guadua / (y de Mil y una Noches / de Xariar y Xeherezada…”). O que en alguna cantina de noches extraviadas alguien, atiborrado de alcoholes, se deje venir con “Esta rosa fue testigo / de ese, que si amor no fue, ninguno otro amor sería”.
Un poeta descendiente de escandinavos y germánicos (Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Hausler o León de Greiff), nacido en el centro de Medellín, en la carrera Bolívar, expulsado de la Escuela de Minas, forjador del grupo juvenil de........
