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De “Viento seco” al berrinche de un expresidente

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26.05.2026

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La herencia de sangre no es desdeñable ni borrable. Para aclimatar la paz no hay que olvidar las ignominias; al contrario, hay que estimular la memoria histórica y ponerla a circular de modo que, como si fuera una borrasca de muertes y otras desolaciones, se vuelva incontenible en la pertinaz contienda contra los que han sido los ideólogos e impulsores de todas las violencias.

La literatura, por ejemplo, es un baluarte de la memoria. No sé qué tanto se recuerda —o más aún, qué tanto se ha leído— una novela que inauguró, mediante la narración del horror, una dinastía de obras que, con mayor o menor vuelo estético, se erigieron en testimonio de una era de desgracias para el pueblo liberal y conservador. Para esas ovejas desdichadas que los jefes de las colectividades tradicionales condujeron al matadero.

Viento seco (novela publicada en 1953), de Daniel Caicedo, fue la primera obra que, con un lenguaje descarnado y sin eufemismos, narró el oprobio infinito de un tiempo de desastres que apenas comenzaba: la masacre de Ceilán, cometida por los chulavitas, también llamados después los “pájaros”. “Los gritos y carreras de los que pretendían huir y las palabras y........

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