Abusos corporativos
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Perdonen ustedes, apreciados lectores, que empiece esta columna denunciando un hecho que me atañe personalmente. Me justifica que estoy segura de hablar por muchos de los 250.000 clientes —o pacientes— a los que el Banco Itaú nos obligó a “migrar”, sin el menor cuidado, al Banco de Bogotá, que nos recibió con toda clase de mensajes de bienvenida, y en medio del más aterrador caos, porque no se preparó suficientemente para tal avalancha y la tarea le quedó grande. Lo primero que habría que señalar es el irrespeto del Itaú, que en la práctica nos dejó tirados. En sus últimas semanas sus páginas estuvieron caídas y nadie contestaba el call center; pero además canceló las tarjetas débito de sus usuarios de manera precipitada,........
