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La modernidad líquida y la educación

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03.03.2026

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Zygmunt Bauman, destacado sociólogo de origen polaco, recurre a una original metáfora para explicar lo que ha venido sucediendo en el mundo durante las últimas décadas: lo denomina modernidad líquida. ¿Qué efectos tendrá esa nueva realidad en la educación?

La fluidez es una característica de los líquidos. A diferencia de los sólidos, los líquidos no conservan una única forma. No se fijan al espacio ni se atan al tiempo. Esto implica que se desplazan con facilidad. “Fluyen”, “se derraman”, “se desbordan”, “se filtran” y, dado lo anterior, resulta muy difícil detenerlos y prever su desplazamiento. Partiendo de esta metáfora, Zygmunt Bauman (1925-2017) caracteriza el periodo actual como uno regido por una modernidad líquida.

Esta metáfora es muy pertinente para entender nuestra sociedad de hoy. Vivimos en una época en la que todo cambia a un ritmo frenético, sin pausa. Las estructuras sólidas y durables se debilitan. Unas décadas atrás, se reparaban los electrodomésticos que se dañaban y se mandaban a arreglar los utensilios que se estropeaban. Por las nuevas leyes del mercado todo eso se transformó. Vivimos en un mundo en el que las cosas se usan y, rápidamente, se desechan.

Los mercaderes de ilusiones –que siempre han existido– hoy venden una idea falsa que ha sido comprada por una gran parte de la sociedad: que la felicidad depende del volumen de nuestro consumo. Al decirlo, olvidan la principal conclusión del prolongado estudio de Harvard al respecto: la felicidad depende esencialmente de los proyectos que tenemos y de los vínculos sociales que establecemos a lo largo de la vida.

Con las relaciones personales sucede algo similar a lo que está pasando con las instituciones sociales. Los lazos y los vínculos son cada vez más frágiles e inconsistentes; las relaciones se vuelven flexibles y muy poco duraderas. Los matrimonios se diversifican y se diluyen los compromisos. Aparece lo que Bauman llama el amor líquido.

Unas décadas atrás, las parejas se casaban para toda la vida. El divorcio solo sucedía en ocasiones excepcionales. La gran mayoría de las parejas hacían todo lo posible por........

© El Espectador