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De niños y de adultos (I)

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10.04.2026

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Lejos de la romantización de los niños, tan propia y natural de los afectos familiares y de la querencia a verlos como seres adorables (que lo son), lo cierto es que los niños también pueden llegar a ser dictadores deliberados e individuos arbitrarios, dominados por un narcisismo que entiende a los otros como un mero objeto que existe y no como otra persona.

Si bien la tendencia primaria de los niños es en extremo autorreferencial, no significa ello que no sean capaces de ir distinguiendo, poco a poco, que el mundo lo pueblan otros seres humanos que no son cosas sino personas únicas e irrepetibles como las que ellos son. Ese proceso es fascinante. Dura años y es el campo privilegiado de la infancia, donde, al decir de Rilke, está la patria. Ir saliendo de sí mismo hacia los otros supone, en primer lugar, reconocer que los demás tienen un mundo interno que no me pertenece pero que me rodea y, por tanto, me configura.

El éxito o fracaso de ese proceso depende, para quienes creemos en que la educación es la única arma cargada de futuro que existe, de la escuela y de la........

© El Espectador