Cumbre
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En las lenguas reposa el espíritu de los pueblos. Gracias a ellas los pueblos dignifican su paso por el mundo y cantan sus penas, sus derrotas, sus alegrías, sus esperanzas, sus misterios. Al aprender una lengua nos humanizamos. Primero, la materna, y desde ella, cualquier otra. Porque hablar una lengua es construir todo un universo. Representarlo. Inventarlo. Hacerlo propio. Cada lengua tiene el suyo. Y existen miles de conexiones entre ellas, vale decir, entre la forma de nombrar e idear el mundo que tiene cada lengua. Las lenguas se nutren de otras lenguas al igual que los seres humanos nos nutrimos de otros seres humanos. Y cuando aprendemos otra u otras lenguas distintas a la propia ensanchamos nuestro propio horizonte para nombrar y existir.
Despreciar una lengua es despreciar........
