Río Grande, Puerto Rico
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En pocos días los peruanos habrán de elegir a un presidente, o a dos candidatos que semanas después se disputarán la presidencia. Yo, que hace muchos años sobrevivo fuera del Perú, y no tengo planes de volver a residir en ese país del que escapé soñando con ser un escritor, me abstendré de votar. Por primera vez en mi vida, ya sesentón, desencantado de la política, he resuelto no votar en primera ni en segunda vuelta. Elijo preservar una saludable independencia, no mancharme, cuidar mi libertad de opinión. En el país donde nací, los políticos se entrometen en el ámbito de nuestras libertades cuando nos obligan a votar, bajo amenaza de cobrarnos una multa, si ejercemos la abstención. Nadie debería imponernos un castigo por inhibirnos de votar. En mi caso, la sanción o la pena ha sido arrastrarme a votar, porque los políticos en quienes he depositado mi confianza, de derechas y de izquierdas, han encontrado la manera de decepcionarme, tarde o temprano.
La otra tarde salí a comer con mi madre y con mis suegros, allá lejos, en Lima, la ciudad del polvo y la niebla, donde nací. Cometí el error de preguntarles, sin advertir el peligro, por quién pensaban votar. Sin dudarlo, los tres dijeron que votarán por el candidato de derechas religiosas, el abanderado del Opus Dei, un señor calvo y ventrudo, malhablado y aguantado, que va por calles y plazas insultando y amenazando con palabrotas que no parecen salidas de los sagrados evangelios, un señor que, a la tierna edad de 19 años, eligió extrañamente la abstinencia sexual, tal vez por celosa rectitud moral, o porque el sexo le daba miedo. Yo sé lo que es tener miedo al deseo erótico, a las pulsiones de la carne, a la rendición del cuerpo. Lo descubrí a esa misma edad, 19 años, cuando, en amores con una chica de la universidad, me enamoré también de un amigo. Avergonzado por esa circunstancia impensada e ingobernable, no se me ocurrió afiliarme al Opus Dei, sino marcharme del gran teatro de la vida, una tentativa autodestructiva, la de tragar todos los somníferos, en la que, por desgracia para mis compatriotas, fracasé. Mi madre y mis suegros........
