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Debí quedarme en Madrid

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16.02.2026

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Siempre que vuelvo a Madrid, como ahora que regreso con ilusión para presentar mi novela “Los golpistas”, editada por Galaxia Gutenberg, me pregunto por qué no vivo en esa ciudad como escritor a tiempo completo y prefiero residir en una isla de Miami, disfrutando de las bondades del clima, durmiendo hasta la una de la tarde como si estuviera todo el tiempo de vacaciones o ya jubilado, saliendo tercamente en la televisión, sin por eso dejar de escribir ficciones, oficio para el cual he nacido.

Hace más de tres décadas, cuando todavía no era un escritor, cuando soñaba con ser un escritor, me mudé a Madrid con la determinación suicida de gastar todos mis ahorros, un dinero no menor que había amasado gracias a mis apariciones en la televisión, dedicándome exclusivamente a escribir una novela. Pasé un invierno, una primavera y un verano en Madrid, cerca del parque del Retiro, ocupando el cuarto de huéspedes en el apartamento de un amigo, un escritor sabio que era como un padre para mí, quien me dio un consejo: “Hagas lo que hagas, trata de ser tu propio jefe, el dueño de tu tiempo, y no un empleado al que puedan despedir”. Escribiendo la novela en un cuaderno, sentí entonces que yo era mi propio jefe, el jefe de mi tiempo, de la trama, de los personajes y los diálogos, sentí la insolente libertad de jugar a ser un pequeño dios vengativo, recreando el mundo a mi manera. Aquellos meses en Madrid, escribiendo con las vísceras ardiendo, con un fuego incesante en las entrañas, ajustando cuentas con mis enemigos, sentí de un modo poderoso e inequívoco que estaba condenado a ser un escritor. No era una elección. Era un destino trágico, una batalla desigual, una guerra perdida.

Tendría que haberme quedado en Madrid, como me aconsejó mi amigo. Tenía suficiente dinero para escribir un par de años más, sin someterme a los rigores de un trabajo ajeno a mi vocación. Me fallaron los cojones. Pensé: si me quedo en Madrid, voy a dilapidar toda mi plata, ninguna editorial va a publicar mi novela, voy a tener que buscar un trabajo. Mi amigo, dueño de una editorial de........

© El Espectador