Las cartas electorales que definirán el futuro del turismo
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A escasos cuatro días de que el país defina su rumbo en las urnas, la campaña presidencial termina consumida más por el ruido de la confrontación personal, los ataques cruzados y la polarización ideológica de varios aspirantes a la Casa de Nariño, que por los debates programáticos de fondo. En medio de ese torbellino de descalificaciones, y a diferencia de elecciones anteriores, el turismo apenas sí logró colarse tímidamente en el discurso de algunos de ellos, pese a que esta actividad se viene consolidando como estratégica locomotora económica y motor de transformación social.
Mientras otros asuntos de interés nacional han sido instrumentalizados en la batalla por el voto, la llamada “industria sin chimeneas” apenas asomó la cabeza, evidenciando una cierta miopía política ante un sector que no solo genera divisas, sino que sostiene el tejido vivo de la Colombia profunda.
Durante los últimos años, el turismo ha venido mostrando indicadores históricos, reflejados en el aumento de visitantes internacionales, el posicionamiento de nuevos destinos regionales y el crecimiento de la conectividad aérea. Avances que lo han disparado, convirtiéndolo en una dinámica fuente de divisas -en ciertos periodos por encima de actividades tradicionales, como el carbón y el café- y proyectándolo como alternativa para la transición y la diversificación económica.
Apoyado en la marca “Colombia, el país de la belleza”, bandera del actual Gobierno y eje de una narrativa que busca proyectarnos como un destino biodiverso, cultural y sostenible, el sector ha demostrado que los recursos naturales y la riqueza cultural son activos económicos tangibles, pero la forma como se administrarán dependerá del........
