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Seamos serios

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16.09.2026

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Después de mucho dudarlo -nunca es tarde para  este tipo de denuncias- he decidido referirme al “escándalo nacional” -como bien lo llamó la escritora Carolina Sanín en su más reciente monólogo[1]– que se ha armado en los más prestigiosos medios de comunicación del país y otros y, claro, en las redes sociales, a propósito del cambio de los materiales de una escalera, ubicada en un apartamento diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona en Bogotá, quien con G. García Márquez serían los únicos profesionales colombianos con real y merecida proyección internacional en el siglo XX y lo que va del XXI.

Y hago una precisión desde el…

Y hago una precisión desde el comienzo: se trató del cambio de los materiales de la escalera, no de su demolición ni de su desplazamiento.

Todo empezó con la publicación en las redes sociales[2] de la firma de diseño Deconama, en la que mostraban la remodelación por ellos hecha en este apartamento. ¡Quién dijo miedo! Saltaron los youtubers a protestar por el “atentado”, “la aberración”, expresada en frases  como: “Debería estar penado con cárcel”, “Colombia está patas arriba” o “el dolor me supera”. “Un desastre”. “La indignación que siento”. “Un crimen”. Por favor, seamos serios.

Aquí no hay lugar al debate, hay matoneo puro y duro. Agresión, ofensa e intimidación, de las cuales no dudo que hace parte del director del Instituto Distrital de Patrimonio, quien a mi modo de ver, con más afán de protagonismo que de justicia, sin fórmula de juicio y sin abrir expediente, ya sugirió multas multimillonarias, sanciones y pidió la recuperación de los materiales originales de la escalera. Resulta cuestionable que se actúe con tal severidad frente a la ingenuidad de las diseñadoras, mientras se ignora a quienes vulneran las normas urbanísticas de forma sistemática. Esto parece una táctica de distracción institucional: ante la incapacidad de controlar a los grandes infractores, se busca proyectar una falsa eficiencia sancionando de forma ejemplarizante a la parte más vulnerable, por un hecho que en nada afecta el patrimonio público.

Es común  el caso de edificaciones  licenciadas para  diez pisos y se construyen  doce. Vemos también derruirse diariamente  inmuebles de  inmenso valor patrimonial de........

© El Espectador