Estupidez y adoctrinamiento
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«La destrucción de la inteligencia, dice Marco Aurelio, es una peste mucho mayor que una infección y alteración semejante de este aire que está esparcido en torno nuestro» (IX, 2). Tenía la frase subrayada desde hace años y la había sacado esta semana para pensar en el famoso adoctrinamiento y la pérdida del sentido crítico en nuestra época.
La discusión no es nueva, aunque ahora esté de moda. Veamos el caso de Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano alemán. Cuando los nazis llegaron al poder e impulsaron el movimiento de los cristianos alemanes, con el que intentaron cooptar a las iglesias protestantes, se les opuso desde la…
La discusión no es nueva, aunque ahora esté de moda. Veamos el caso de Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano alemán. Cuando los nazis llegaron al poder e impulsaron el movimiento de los cristianos alemanes, con el que intentaron cooptar a las iglesias protestantes, se les opuso desde la Iglesia Confesante. Escribió sobre la estupidez en la Navidad de 1942, en un balance de diez años de hitlerismo que repartió entre los tres o cuatro cómplices con los que conspiraba. Unos meses después estaba preso. En 1945 fue ahorcado en el campo de Flossenbürg, semanas antes de que llegaran los aliados.
En ese balance, este teólogo plantea una tesis incómoda: La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad. Es incómoda porque la palabra no significa lo que uno cree, al menos en español. Aquí la estupidez no es un defecto intelectual, sino humano. No alude a una torpeza notable para comprender las cosas, ni a la tontería, ni a la necedad, ni a la ignorancia —hay estúpidos ilustradísimos—, ni a la incapacidad para hacer algo.
De sus páginas pueden extraerse, más bien, tres rasgos fundamentales. El primero consiste en delegar el juicio propio en un tercero: maestro, padre, pastor, influencer, partido, algoritmo o inteligencia artificial. Epicteto, que fue esclavo, enseñaba que lo único que de veras nos pertenece es el uso de nuestros juicios; quien lo delega regala lo único suyo. El segundo es la ignorancia voluntaria, eso que los griegos llamaron amathía: no saber, no querer saber y, además, celebrarlo, a diferencia de Sócrates, que sabía que no sabía nada, pero dedicó la vida a resolverlo. El tercero es la conformidad, donde la creencia se vuelve identidad, y suscita lealtad: si alguien la discute, ya no me contradice, me ataca. Chris Ranalli lo explica en un artículo publicado en 2022: el adoctrinamiento ocurre cuando la creencia trae adherida la........
