Dos semanas de Borges
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Debo el descubrimiento de Borges a la conjunción de unas vacaciones y un amigo generoso que me prestó sus obras completas. Él las había tomado de la biblioteca de su tío, que era profesor de matemáticas en la Universidad del Valle. El préstamo duraría dos semanas exactas y, como sabía que no tendría dinero para comprarlas, me encerré en casa y no paré de leer. Fueron quince días febriles y faustos; los pasé consciente de que la fecha de devolución no era negociable. El hecho se produjo cuando tenía diecinueve años y al final de ese lapso creo que le hice el mejor homenaje que puede hacérsele a un escritor: fui, por primera y única vez, un buen lector.
Desde hace dos semanas, cuarenta años después de su muerte (Borges murió el 14 de junio de 1986), el mundo literario, al menos en Argentina, le tributa conferencias, simposios, reediciones, artículos, columnas y exposiciones. En Colombia —como es natural— el hecho ha pasado desapercibido. Así que esta columna es ante todo un intento por tranquilizar mi conciencia y hacer patente el reconocimiento de una deuda tan vasta que especificar una parte parece repudiar o callar la otra, pues debo a Borges el conocimiento de Chesterton, De Quincey, Spinoza, Whitman, Schopenhauer, Wilde y la resurrección de Kafka, al que los profes de español, sin quererlo, habían matado en noveno grado. Pero,........
