Un epílogo para Prólogo
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En 2010, recién casada, me pasé a vivir a un apartamento viejo en la carrera 11 con 95, en Bogotá. Fue poco antes del hundimiento de la 11 a la altura de la 98, una calamidad que nos sometió a largos trancones durante más de un año y que desvalorizó el apartamento recién comprado, pero esa es otra historia.
Uno de mis primeros lugares favoritos del vecindario fue Prólogo, una librería que había abierto tres años antes, justo detrás del apartamento, en una calle tranquila, de poco tráfico. Vendían café, había sofás y el librero, Mauricio Lleras, era un buen conversador, que parecía haberlo leído todo, con atención y curiosidad. Atendía él, pero a veces estaba Felipe Martínez, un joven cálido y sonriente que años después empezaría a publicar........
