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Foto del cadáver de “El Mencho”, asegunes incumplidos

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01.03.2026

Fuera de los herméticos círculos gubernamentales mexicanos y estadounidenses, ningún mexicano ha podido comprobar que el abatido la madrugada del pasado domingo en Tapalpa, Jalisco, haya sido efectivamente Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, el sanguinario jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Ni una foto, ni un video, ni una sola imagen del líder criminal abatido, a quien debemos referirnos en tiempo pasado no porque haya sido visto ni siquiera en ataúd, sino porque las máximas autoridades de México y de los Estados Unidos han sostenido oficialmente que falleció durante “una operación” en la que “intervinieron diversas aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional”.

“Durante esta operación, personal militar fue atacado, por lo que, en defensa de su integridad, repelieron la agresión, resultando cuatro integrantes del grupo delictivo CJNG fallecidos en el lugar y tres heridos de gravedad, quienes perdieron la vida durante su traslado a la Ciudad de México; entre estos últimos se encuentra Rubén “N”, Mencho”. (Comunicado de prensa número 03; 22 de febrero, emitido por la Secretaría de la Defensa Nacional).

Tampoco ha sido del conocimiento público ninguna otra evidencia relacionada con el operativo en general. Vaya, ni siquiera fotos y/o videos de los edificios utilizados por el jefe criminal como guarida o guaridas.

No hubo más imágenes que las publicadas por medios de comunicación nacionales e internacionales que, esos sí, accesaron a dichas instalaciones sin problema porque no fueron resguardadas por ningún policía. Quizá la familia difundirá algo; ayer la Fiscalía General de la República entregó su cuerpo.

Creemos que falleció porque, además del comunicado de Sedena, lo dijo también la presidenta, Claudia Sheinbaum; y lo dijo Donald Trump. Y más que sus versiones, debemos aceptar que Oseguera quedó el domingo en calidad de cadáver nada menos que por las mismas razones que habría tenido la Sedena para no publicitar fotos del capo muerto: impedir que las imágenes fueran tomadas como la exhibición de un trofeo y “agraviaran” a sus seguidores cómplices o generaran alguna empatía social.

La virulenta reacción del Cártel Jalisco Nueva Generación pudo ser una muestra de que su líder efectivamente cayó a manos “del gobierno”, pero evidentemente los efectos de no difundir pruebas de la muerte no evitaron que los operadores de “Mencho” asesinaran a 25 militares (integrantes todos de la Guardia Nacional), ni a más de 30 civiles, ni provocaran el franco narcoterror en la mitad de la República Mexicana, en el occidente y parte del centro del país.

Todo el domingo y lunes actuaron sin freno las células delictivas. Bloquearon cruceros, calles, carreteras; incendiaron vehículos chicos, camiones, pipas, tráileres, tiendas; robaron más de mil carros, mataron civiles inocentes... Todo como consecuencia de la “muerte” de Oseguera Cervantes. Hubo impunidad post mortem.

Las escenas dantescas cesaron casi por completo hasta el martes, pero sin detenciones relevantes que hagan presumir el freno por falta de enojo de “El Hijastro”, Juan Carlos Valencia; “El Jardinero”, Audias Flores Silva; “El Sapo”, Gonzalo Mendoza; o “El RR”, Ricardo Ruiz, los cuatro herederos y potenciales sucesores de “El Mencho”, que sin duda urdieron y hasta encabezaron los ataques de domingo, lunes y martes.

Aunque la calma llegó casi completa el miércoles (hubo algún coletazo aislado el viernes en Colima), tales operadores optaron finalmente por la estrategia de replegarse para digerir lo ocurrido, tomar las decisiones internas correspondientes y retomar ya sea su venganza por la muerte de su feroz patrón y/o reanudar las actividades criminales del cártel, cuya economía “sigue intacta”.

Esa etapa siguiente es la que debe preocupar a México y también a Estados Unidos. Deben ser analizadas y tomadas las acciones respectivas de inmediato, tanto como fue preparado y ejecutado el golpe contra Oseguera, estemos de acuerdo o no en el manejo mediático correspondiente, el de ocultar al ojo público evidencias comprobables relacionadas con la operación.

Publicamos en La Columna el jueves una microparte de un análisis elaborado para órganos federales de seguridad, retomado por distintos opinadores nacionales. Concluye que acciones como las realizadas el domingo suelen ser presentadas como “golpes definitivos”, aunque la economía criminal sigue intacta.

Es cierto, habrá muerto “El Mencho”, pero no el infinito abanico de negocios existente desde antes que iniciara su espantosa carrera malhechora en ese submundo de la traición, la corrupción, las drogas, la muerte violenta. Sus antecesores y primeros jefes fueron los Valencia y Nacho Coronel, patriarcas del Cártel del Milenio, desprendidos del Cártel de Sinaloa.

No morirán los negocios ni en el presente ni en el futuro. Son múltiples liderazgos los sucesores, igualmente experimentados, inescrupulosos y amplios conocedores de cada rubro en materia de extorsiones, de secuestros, de trata de blancas, de tráfico de migrantes, elaboración y tráfico de drogas.

Desafortunadamente, no tenemos una sola historia desde el inicio de la conformación de los cárteles delictivos en la que caiga un capo y desaparezca el tráfico y/o consumo de drogas o disminuyan los delitos relacionados con el crimen organizado; al contrario, mueren los líderes criminales y de inmediato son sucedidos por otros con mayor conocimiento y capacidad operativa, porque conocen mejor la calle que sus ocultos jefes.

Con otra peor para el caso que nos ocupa: si bien Oseguera mantenía un innegable poderío en el occidente, centro y aún sur del país, debía compartir a sangre y fuego ese poder con otras organizaciones criminales, principalmente el Cártel de Santa Rosa de Lima, con sede en Guanajuato, y con el Cártel de Sinaloa, con todo y actual división entre “Chapitos” y “Mayos”, que disputan en el occidente el tráfico de drogas, las extorsiones y, especialmente, el huachicol, acaso la principal actividad delictiva desde aquella región hasta el sur y sureste del país.

Solo el año pasado fueron registrados en Guanajuato tres mil homicidios, entre ellos los contenidos en una de las definiciones lamentablemente más “familiares” o mal afamadas para Chihuahua, en particular para Juárez: 35 masacres con tres y hasta media docena de víctimas por episodio.

Haber desaparecido el cadáver de “El Mencho” a los ojos de la opinión pública sirvió de muy poco o nada para contener a sus violentos eventuales sucesores y no tendrá mayor efecto positivo para la seguridad nacional en el corto y el mediano plazo si ese operativo del domingo no es acompañado justo con acciones igual de determinantes contra los múltiples brazos y cuerpo total del Cártel Jalisco Nueva Generación y de todos los cárteles que agobian a los mexicanos.

No queremos echar a andar la imaginación sobre la interpretación generalizada de un golpe “espectacular” solo para responder a la intensa presión de Donald Trump y de cara al mundial de futbol; es decir, sería desastroso para el país que el ataque contra el CJNG haya sido meramente circunstancial y que en los siguientes meses y años sigamos hablando de la misma impunidad e idéntica violencia generada por otros capos.


© El Diario