En Chihuahua la adversidad no nos reduce: nos crece
Hay pueblos que nacen en la comodidad y otros que son forjados a martillazos por la geografía. Chihuahua pertenece a los segundos. Aquí no hubo concesiones de la naturaleza.
El desierto enseñó a ahorrar el agua, la sierra enseñó a resistir el frío y las distancias obligaron a aprender el valor de la palabra empeñada. Por eso, cuando se habla del carácter del chihuahuense, no se habla únicamente de identidad regional; se habla de una forma de sobrevivir.
El chihuahuense no espera milagros. Los fabrica. Tal vez por eso somos considerados una sociedad resiliente. Porque hemos aprendido a vivir en la adversidad sin convertirnos en esclavos de ella. Nos doblamos, pero rara vez nos quebramos.
Cada sequía, cada crisis económica, cada episodio de violencia o abandono gubernamental y hasta ataques oficialistas, terminan revelando algo que parece genético en nuestra tierra: la capacidad de organizarnos, de resolver y de salir adelante aun cuando el panorama luce imposible.
El escritor e historiador José Fuentes Mares hablaba del “criollo chihuahuense” como un hombre marcado por la frontera, por la inmensidad del territorio y por una feroz conciencia de........
