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Trinidad, Misterio de comunión

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31.05.2026

Después de los cincuenta días de fiesta pascual, clausurados con la Solemnidad de Pentecostés, hemos retomado en la Iglesia el llamado Tiempo Ordinario. Dentro de la liturgia cristiana, se trata de una temporada extensa que abarca 33 o 34 semanas, seccionadas en dos partes: la primera se celebra terminado el tiempo de la navidad y hasta el inicio de la cuaresma, y la otra sección, terminada la pascua. Para los creyentes, todas estas realidades no son un conjunto de celebraciones y tiempos solamente; el llamado Año litúrgico no es más que la organización cristiana del tiempo, para celebrar a lo largo del mismo, la persona, la vida y la obra del Señor Jesús, es decir, el Año litúrgico cristiano es la persona misma de Cristo, quien se hace siempre presente cada vez que es celebrado, para ofrecernos la salvación a todos. Los creyentes somos invitados a recibir el don salvífico del Señor y a expresarlo en los distintos aspectos y dimensiones de nuestra vida diaria.

​Cada tiempo litúrgico celebra algún aspecto de la vida del Señor, durante el Tiempo Ordinario, celebramos todo lo que Jesús enseñó y realizó durante su ministerio público, y a partir de la doctrina contenida en su predicación y los milagros hechos, somos invitados a iluminar nuestra vida creyente. No obstante, durante el Tiempo Ordinario, también nos encontramos con algunas fiestas y solemnidades importantes, tal es el caso del presente domingo dedicado a celebrar el Misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad. Se trata del misterio del ser y la vida de Dios mismo, tal como nos ha sido revelado por Jesucristo: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a pesar de ser tres personas realmente distintas, coexisten en la comunión más plena y perfecta que constituyen un solo Dios verdadero.

​Es verdad que la palabra Trinitas (Trinidad) no aparece en la Sagrada Escritura, es un término teológico acuñado por Tertuliano en el siglo III, pero aunque el lenguaje nuestro sea bastante limitado para expresar o definir la vida de Dios mismo, en la Iglesia hemos usado el vocablo tertulianista para señalar lo que sí enseña el Nuevo Testamento: Dios es misterio de comunión de tres divinas personas realmente distintas entre sí, y Jesús el Hijo de Dios (la Segunda persona de la Trinidad) hecho carne es quien nos ha revelado esta verdad, a la cual no hubiéramos tenido acceso por nuestra sola capacidad racional. A lo largo de los siglos, los grandes teólogos cristianos nos han ofrecido reflexiones y tratados donde se aborda este misterio del Dios Trino; entre ellos, tenemos el tratado De Trinitate de san Agustín, quizá uno de los más importantes de todos los tiempos. Allí el santo obispo de Hipona nos indica que podemos comprender(aunque no completamente) el misterio de la Trinidad, si partimos de la realidad humana.

Bajo la premisa de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, las........

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