Covid-19: seis años después
Han pasado más de seis años desde que el COVID-19 llegó a Ciudad Juárez y transformó la vida como la conocíamos. Lo que en marzo de 2020 parecía una amenaza lejana terminó por desbordar hospitales, vaciar calles y obligarnos a tomar distancia. Las sirenas de las ambulancias ya eran un ruido normal y las noticias se medían en cifras de camas ocupadas y vidas perdidas.
Hoy, en 2026, el virus ya no es el pan de cada día en las noticias ni define nuestras rutinas como antes, pero eso no significa que haya desaparecido. Los contagios continúan y las campañas de vacunación siguen activas, recordándonos que el COVID dejó de ser una emergencia, pero no una realidad. Sin embargo, reducir su impacto a lo sanitario es quedarse corto.
En Ciudad Juárez, como en muchas otras regiones del estado, del país y del mundo, la crisis evidenció desigualdades profundas. Mientras algunos pudieron resguardarse y trabajar desde casa sin ningún problema, miles enfrentaron la pérdida de empleo o la imposibilidad de detenerse frente a una pandemia amenazante. Hubo estudiantes sin acceso a clases digitales y familias que tuvieron que elegir entre cuidarse o sobrevivir.
La desinformación, las noticias falsas, la respuesta tardía y la falta de coordinación, y en muchos casos la indiferencia, agravaron una situación ya de por sí crítica. Sin embargo, no se trata solo de recordar lo que ocurrió, sino de reconocer que muchas de las consecuencias pudieron ser menores con decisiones más oportunas y equitativas.
En lo cotidiano, algo cambió de forma más silenciosa. Regresamos a reuniones, espacios llenos, calles llenas y las rutinas de siempre. Aprendimos a valorar lo cercano, sí, pero también nos acostumbramos a vivir con incertidumbre sobre el futuro. En el trabajo, la digitalización y los modelos híbridos dejaron de ser la excepción para convertirse en parte de la rutina laboral.
Pero uno de los efectos más persistentes ha sido el de la salud mental. La ansiedad, la depresión y el desgaste emocional no desaparecieron con el levantamiento de restricciones. Niños que crecieron en pandemia, mascotas acostumbradas al encierro y personas que aún lidian con el aislamiento forman parte de esta secuela. Hoy hablamos más del tema, pero también arrastramos sus consecuencias, muchas veces sin la atención suficiente.
A seis años del primer caso en Juárez, el COVID-19 es más que un recuerdo: es una advertencia. No solo por el virus en sí, sino por lo que reveló sobre nosotros como sociedad.
El problema es que, mientras la emergencia se fue desvaneciendo poco a poco —al igual que las vidas de miles de juarenses—, también lo hizo el sentido de urgencia por corregir aquello que la pandemia dejó al descubierto. Hubo quienes salimos victoriosos de esa enfermedad, pero también hubo quienes no lo lograron y quienes aún sufren sus efectos adversos.
El COVID no terminó: simplemente dejamos de mirarlo de frente. Y ese olvido, más que el virus, es el verdadero riesgo.
