El caos necesario
Ayer, Ciudad Juárez volvió a colapsar. Pero no fue la lluvia, ni los baches, ni el tráfico cotidiano que ya de por sí nos exprime la paciencia. Esta vez fueron los bloqueos.
Transportistas y agricultores tomaron vialidades, ralentizaron cruces y complicaron la movilidad en una ciudad que, seamos honestos, ya vive al límite en términos de orden urbano. Y entonces vino lo predecible: el enojo ciudadano. Claxonazos, mentadas, filas interminables, citas perdidas, horas tiradas al asfalto.
Juárez no está acostumbrado a esto, y se notó. Con sus 850 mil vehículos circulando sin tregua y su rol como motor exportador (65 mil millones de dólares anuales), sintió el paro como un golpe directo al estómago. Los cruces internacionales quedaron detenidos, afectando el flujo de mercancías IMMEX y generando pérdidas inmediatas para empresas y familias que dependen del comercio binacional.
Pero, más allá del caos —que fue real, incómodo y costoso—, hay una pregunta que vale la pena hacerse:
La respuesta no es menor. Es........
