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Un encargo

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Ciudad de México.- "Mi esposa y yo siempre fuimos muy cachondos. Hicimos el amor antes de casarnos". Ese indiscreto comentario les hizo don Ardencio a sus amigos en la mesa del Bar Ahúnda. Acotó uno: "Muchas parejas hacen el amor antes de casarse". Preguntó don Ardencio: "¿En el atrio de la iglesia?". El jefe de personal le dijo al solicitante de empleo: "Debo hacerle algunas preguntas. ¿Ha sido usted sometido antes a algún interrogatorio?". A muchos -respondió el hombre-. Soy casado". A otro le preguntó alguien: "¿Crees en la eficacia de las máquinas detectoras de mentiras?". "Claro que sí -respondió-. En mi casa tengo una". No falto a la verdad ni a las buenas maneras si digo que Afrodisio Pitongo es un hombre lujurioso, lascivo, lúbrico y libidinoso, dicho sea para usar sólo palabras que empiezan con la misma letra. Le hizo a Dulcilí, muchacha de buenas costumbres, una propuesta por demás indecorosa. Inquirió ella: "Pero ¿me amas, Afrodisio?". Replicó, irritado, el impúdico sujeto: "¿Qué tiene qué ver el amor con esto?". La linda Susiflor le comentó a su maestro: "Mi novio es........

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