Así las cosas, 10 años después
Hay decisiones en la vida que no se deben tomar por impulso ni por conveniencia; por el contrario, es necesario que se tomen entendiendo que no basta con observar la realidad, que eso no es suficiente y que, si se va a opinar con honestidad, también hay que estar dispuesto a asumir el peso de las consecuencias. Dejar el periodismo para entrar a la vida pública no es un movimiento natural, tampoco es un movimiento cómodo; es, en muchos sentidos, un salto al vacío.
El pasado 24 de enero se cumplieron 10 años de que mi vida cambió. Esta casa editorial, que siempre he considerado mi casa, publicó un desplegado donde se anunciaba mi salida de la televisión y, aunque en ese momento no se precisaba qué era lo que iba a hacer, siempre estuvo “en el aire” que buscaría una candidatura independiente a la presidencia municipal.
Durante años, el oficio periodístico que aprendí de mi padre, don Arnoldo Cabada de la O, me enseñó a preguntar, a contrastar versiones y a señalar errores. Es una escuela indispensable para comprender el poder y cumplir una función crítica fundamental. La vida pública, en cambio, no permite observar desde fuera: obliga a decidir, firmar, priorizar........
