Otro Papa audaz
Entre los objetivos del viaje de León XIV a España estaba el dar cariño al país tras los desplantes de Francisco («allí no me quieren», ... dixit), partidario de acercarse a las periferias y a los rincones olvidados del mundo. Robert Prevost ha recogido ese afecto con creces, en actos multitudinarios y con aplausos interminables, algo sorprendente para un pontífice con tan sólo un año de rodaje y sin el carisma comunicativo de su predecesor. Ha habido una conexión. Ha sido una visita apostólica, pero también diplomática y con mucha carga política.
El Papa 'yanki' no ha venido a España a reñir a nadie, aunque a veces pareciera que estaba leyendo la cartilla a alguien. Ni siquiera a los obispos, a quienes ha urgido a actuar sin remilgos ante «la plaga» de la pederastia eclesial, una «herida abierta» que continúa con un goteo lacerante. Los prelados españoles tardaron en reaccionar, al igual que los italianos, y fue Bergoglio quien pegó un sonoro puñetazo sobre el altar, sabiendo que lo que estaba en juego era la credibilidad de la Iglesia. Fue la piedra de toque de su pontificado.
Está claro que León XIV sigue su estela, aunque lo haga con un estilo más sereno y prudente, pero con la misma........
