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No te enfades

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28.06.2026

Empieza, pongamos por caso, por el zumbido asimétrico de una mosca de verano. Una simple mosca que pasa trazando eses invisibles en el aire y ... que, al tipo que tienes enfrente, le desquicia, le crispa, le inyecta la córnea de un rojo homicida como si el maldito insecto hubiera bajado a la tierra con el único y exclusivo propósito de desafiar su estirpe. O empieza por tu perfume. Sí, ese rastro de sándalo, a bergamota o sencillamente a ropa limpia que dejas tras de ti al caminar por el pasillo, y que, a alguien, le resulta un tufo molesto, un insulto personal, una invasión intolerable a su metro cuadrado de miseria existencial. Hay gente a la que le ofende soberanamente que pises fuerte, que respires, que existas sin pedirles permiso previo por escrito. Y tú los miras, absorbes su sombra por ósmosis y, sin querer, te sube el veneno. Te tensas. Te cabreas. Sencillamente, te enfadas.

Y nos enfadamos mal, nos enfadamos rápido y nos enfadamos a deshora. Nos repiten hasta el hartazgo, impreso en tazas de desayuno, en manuales de autoayuda y en refranes manoseados de domingo, que la vida son dos días. Un martes y un jueves, y el jueves encima llueve. Es cierto.

Pero, pongamos las cartas boca arriba, sobre la mesa y sin anestesia: el que es malo, es malo. Viene con la tara de fábrica y no hay paños calientes que lo curen. El que actúa con rencor, el que mastica maldad en ayunas porque no conoce otro desayuno, lo hará igual hoy, mañana y pasado. El que quiere buscarte las vueltas,........

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