En defensa de la seriedad
Jorge Arévalo Turrillas
Vivimos tiempos tan insólitos que la sociedad ha visto desbordada su capacidad de asombro. Ya no da abasto para procesar tanto disparate. Entre líderes absorbidos ... por su propio ego, otros empeñados en transformar la política en un patrimonio familiar y algunos más dedicados a ocultar su propia corrupción, lo extraordinario se ha vuelto rutina. Cada escándalo, cada maniobra oscura y cada gesto de poder mal entendido, añade una nueva capa a un desconcierto colectivo que ya roza lo inimaginable. Y, sin embargo, es en esta normalización de lo absurdo, donde empieza a dibujarse el verdadero desafío de lo que tenemos que ser capaces de afrontar. Me refiero al riesgo de que dejemos de reaccionar, de que lo que debería ser excepcional se convierta en cotidiano y que la ciudadanía pierda la energía necesaria para exigir rigor, responsabilidad y un mínimo de respeto por la inteligencia colectiva.
En nuestras sociedades proliferan mecanismos que buscan confundirnos apelando a nuestra fibra emocional. La corrupción en la política, por ejemplo, no es sólo un problema ético. Es un arma devastadora contra la confianza de la ciudadanía. Cada escándalo erosiona un poco más la credibilidad de........
