Meta, ¿democratizador o monetizador?
Francisco Rodríguez Jiménez
Profesor de la Universidad de Extremadura. Investigador visitante en Harvard y Georgetown University
Quién no ha cotilleado alguna vez? No seré yo quien tire la primera piedra… ¿Y usted? Paleoantropólogos y sociólogos lo tienen claro: si algo nos ... diferencia de otros homínidos es la tendencia al cotilleo. Charlando en torno al fuego prehistórico fue aumentando nuestra capacidad comunicativa y cognitiva. Con los compadres de la tribu, imaginábamos realidades que no se tocaban, pero se sentían… Miles de años después, las terrazas son más que oasis contra la sed; son asimismo aguardos para el curioseo: transeúntes, modas, la oreja en la conversación de la mesa de al lado. La delgada línea entre la verdad y lo imaginado.
Los que somos de pueblo recordamos anécdotas, pre-Internet y redes sociales. Ese vecino/a curiosón preocupado por la vida de los otros... Pero ojo: el chismorreo no es exclusivo de localidades pequeñas. Es consustancial al ser humano, ya sea en aldeas recónditas o en mega urbes. ¡Cómo si no explicar el éxito de Facebook! Curiosear sin ser visto, sin tener que salir de la cama para husmear por la ventana. ¡Y encima con la ubicuidad que ofrece el móvil! Incluso cabría plantearse si hoy somos más 'Homo Sapiens' que cotillas, o a la inversa. Tampoco está del todo claro si Mark Zuckerberg era inicialmente consciente del invento que tenía entre manos, o lo fue moldeando progresivamente. Dicen que todo empezó por el amargor de unas calabazas sentimentales que le dio una chica y un cierto deseo de vengarse de ella. Zuckerberg, prodigioso programador informático, torpón a la hora de socializar. El inventor del software para «crear amigos virtuales» cuya personalidad le dificultaba tenerlos en la realidad. Ansiaba ser popular, tener muchos amigos. Su madre era psiquiatra reputada. Quizás no sea un dato baladí.
En aquella fase primera, Zuckerberg se vanagloriaba de que su invento estaba........
