De dónde somos
Ascensión Robayna en Masdache. / Volker Gehrmann
Cuando era pequeña, cada vez que me preguntaban de dónde era respondía sin dudar: de Lanzarote. Mi madre siempre me corregía. Me explicaba que de Lanzarote era ella, y gran parte de mi familia, pero que yo había nacido en Tenerife. No lo entendía. ¿Por qué no podía ser yo también de Lanzarote?
Después de pasar allí todos los veranos de mi infancia, semanas santas, muchas Navidades y buena parte de los momentos que más recuerdo, comprendí que el lugar en el que nacemos no siempre coincide con el lugar que nos pertenece. Hay territorios que uno hereda y otros que, con el tiempo, aprende a hacer suyos. Y hay quien tiene un pueblo al que volver en vacaciones y quien tiene toda una isla.
Hoy sé que una parte importante de mí es conejera. Cada vez que regreso siento una calma difícil de explicar, esa sensación de serenidad que solo aparece cuando te tumbas al sol sobre la tolla después de salir del mar. No importa cuánto tiempo haya transcurrido ni cuántos kilómetros me separen de la isla. Lanzarote sigue........
