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La insurrección de la conciencia

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Persona en soledad. / 123RF

Vivimos en una época que ha perfeccionado, con una eficacia casi imperceptible, el arte de decidir por nosotros mientras nos persuade de que seguimos siendo plenamente libres. Casi todo cuanto nos rodea se presenta bajo la apariencia tranquilizadora del cuidado, del progreso o de la protección; se nos ofrecen respuestas antes incluso de que hayamos formulado nuestras preguntas, se nos entregan soluciones para necesidades que no sabíamos que teníamos y se nos invita, con una cortesía impecable, a adoptar hábitos, opiniones y certezas previamente elaboradas. Sin embargo, bajo esa superficie de comodidad y aparente bienestar, late una realidad mucho más inquietante, nunca había resultado tan sencillo renunciar a uno mismo sin advertirlo.‬

La forma más sofisticada de sometimiento no necesita barrotes, amenazas ni imposiciones explícitas, porque le basta con instalarse en la conciencia y operar desde ella con silenciosa eficacia. No obliga, sino que persuade; no impone, sino que seduce; no exige obediencia visible, porque alcanza una meta mucho más ambiciosa y duradera, que el individuo asuma como propias ideas, costumbres, deseos y temores que le han sido cuidadosamente inoculados. Cuando esto sucede, la dominación alcanza su grado más perfecto, ya que el ser humano deja de sentirse gobernado y empieza a llamar libertad a aquello que, en realidad, no es más que una dependencia elegantemente administrada.‬

Poco a poco, casi sin resistencia, aprendemos a desconfiar de nuestra intuición y a mirar hacia fuera en busca de instrucciones sobre qué debemos pensar, cómo debemos actuar, qué debemos consumir y hasta qué emociones resultan aceptables en cada circunstancia. El criterio........

© El Dia