Renace el Taoro…, y con qué ímpetu
Gran Hotel Taoro. / E.D.
Los niños veíamos aquel hotel, el Hotel Taoro, como si fuera una reliquia del otro mundo. Era el hotel de los extranjeros. A los extranjeros los chicos los llamábamos los ingleses. Ya fueran de Inglaterra, de Alemania o de Suecia, eran para nosotros los ingleses. Los más atrevidos se acercaban al Taoro para ver a aquellos extranjeros sin nombre. Y para pedirles dinero. A veces fui con los más atrevidos. Les pedíamos pennies, que entonces era para nosotros la moneda universal.
Ahora regresa el Taoro, y con qué ímpetu. Hace años se alimentó, tan solo, de los jugadores de cartas, que se gastaban el dinero por las noches. Cerraron el Taoro. Lo vimos cerrarse, como si estuviera marcado por el signo de los tiempos: la destrucción de la belleza. Antes de que la decrepitud lo dejara decaer hubo allí un hermoso paréntesis, cuando actuaban por las noches los amigos de Otto Artman, un extraordinario músico de jazz sobre el que escribíamos para El Día Elfidio Alonso y yo mismo, empeñados en hacer del Puerto de la Cruz un lugar en el mundo. Lo fue, lo era, lo vuelve a ser.
Ahora renace el Taoro. Los que éramos muchachos entonces sentimos, eso imagino, que el Puerto abraza el pasado con el aire que ya tuvo el Taoro: la sensación de que era la capital del mundo entero, el paisaje de Agatha Christy, de Winston Churchill o de Bertrand Russell…, o de Eduardo Westerdhal y de Domingo Pérez Minik, que allí iban a celebrar las noches en la era previa a la guerra civil… Lo han levantado de donde estaba los hijos de Jesús Polanco, el que se puso a la tarea de hacer de El País el periódico que es. El Cabildo es su patrón máximo, y este........
