Aznar, dimisión
El expresidente del Gobierno José María Aznar / Isa Saiz - Europa Press
No sé qué haría yo si no tuviéramos a Pedro Sánchez para señalar, con dedo certero y acusador, al responsable del hundimiento y la crisis de España. No es otro que José María Aznar. Porque fue él quien en el 711 ayudó a pasar el Estrecho de Gibraltar a los bereberes que comandaba Tariq ibn Ziyad, en lo que fue el principio de una inmigración masiva que acabó con centenares de miles de irregulares ocupando la mitad del país. Ocho siglos estuvieron de okupas, hasta que fueron desalojados por un pariente de Dani Estévez.
Fue Aznar quien incitó personalmente a Napoleón Bonaparte a invadir España en 1808 y a colocar de rey a su hermano José, a quien no por casualidad llamaron Pepe Botella, en clara referencia a sus vínculos familiares con la esposa de Aznar, Ana Botella, que terminó de alcaldesa de Madrid puesta directamente por los gabachos. Y fue Aznar, por mucho que se haya ocultado, quien con nocturnidad y alevosía colocó una bomba en el Maine, provocando su hundimiento y la cólera de Estados Unidos, que nos sacó de Cuba y Filipinas a patadas en el trasero, incluso antes de que llegara Trump. Fue Aznar quien estuvo en la conspiración para asesinar a Prim en 1870. El que ordenó personalmente liquidar a Cánovas del Castillo en 1897. Y a Canalejas, en 1912 y a Dato en 1921. En todos esos asesinatos, atribuidos injustamente a los anarquistas, estaba la mano de ese siniestro personaje dedicado a provocar la inestabilidad y el caos en España.
Con estos precedentes, no es extraño que Pedro Sánchez le haya señalado en el Congreso como el principal enemigo de España, nombrándole incontables veces en el último debate. Porque aunque Aznar aparentó dejar el Gobierno en 2004, hace veintidós años, Pedro Sánchez sabe que sigue moviendo los hilos en la sombra, como desde hace tantos siglos. Que sigue gobernando.
Si los extremistas yihadistas asesinaron en Madrid a casi doscientas personas, en 2004, fue por Aznar. Si hicieron lo mismo en Londres, al año siguiente, con medio centenar de víctimas mortales, fue por Aznar. Si volvieron a matar a ciento treinta personas en 2015 en París, fue por Aznar. Si volvieron a matar al año siguiente en el aeropuerto y el metro de Bruselas a treinta y cinco personas, fue por Aznar. Y también él fue responsable político, ese mismo año, del asesinato de ochenta y tantas personas por un extremista islámico, en Niza. Y de los crímenes de 2017, en Mánchester: veintidós muertos, entre ellos siete niños. Y del atropello y muerte de dieciséis personas en las ramblas de Barcelona, también en 2017, a manos de unos yihadistas de origen marroquí.
España –o sea, Pedro Sánchez– es un referente internacional de la paz y la libertad, como bien dijo él mismo de sí mismo. Y siendo el espejo donde se miran los líderes del resto del planeta y el mayor opositor al imperialismo delirante norteamericano, es lógico que haya arremetido contra Aznar. Que pida al pueblo español que salga a las calles, si es necesario, para exigir la inmediata dimisión de Aznar. Que se vaya la derecha del Gobierno de una puñetera vez. Que dimita y se acabe este desastre. Y que podamos disfrutar de una etapa de prosperidad, honradez y concordia, que es lo que este país necesita como agua de mayo.
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