Una lección de filosofía
La Radio Canaria / LP/DLP
Hace ya una década, el filósofo Byung-Chul Han publicó ‘La sociedad de la transparencia’, un librito en el que el autor comenzó a desarrollar sus ideas sobre el cansancio autoprovocado y la transparencia como mecanismo de control. Recuerdo haberlo leído con fascinación: aún no había explotado la cultura de la exposición constante y el ‘todo visible’ que nos ha traído la masificación de las redes. Han centra su opúsculo en la obsesión contemporánea por la transparencia. Sostiene que no es un valor inocente ni positivo, sino un mecanismo de control. Cree que vivimos en una sociedad que exige que todo sea visible, accesible y expuesto: la política, la economía, las instituciones… pero también la vida privada. Todo debe mostrarse, compartirse, hacerse público. Sin embargo, esa transparencia no genera más verdad ni libertad. Al contrario, elimina espacios esenciales como la intimidad, la distancia y el secreto, y con ellos, desaparecen también la complejidad y la confianza. Han liga la transparencia a la lógica del rendimiento, una de sus grandes obsesiones: lo que no se muestra, no existe, lo que no se expone, no cuenta. Eso nos hace exhibirnos constantemente, convirtiendo la vida en un escaparate permanente. La comunicación altera su sentido para volverse inmediata, superficial y cuantificable. La........
