La insumisión de los buenos
Miren a su alrededor. El arte de verse y quedar bien es una profesión de riesgo. Una especie en peligro de extinción. Algunos nacen con el don. Esos elegidos que caen de pie en cualquier charco. Otros se lo curran durante años en el gimnasio de la empatía. Y luego está esa inmensa mayoría a la que, seamos francos, plin. Les importa tres pimientos. O dos pimientos y un pepinillo.
Ojo, no me confundan el tocino con la velocidad. No hablo de ir por la vida repartiendo sonrisas falsas o practicando ese ‘quedabienismo’ barato de postureo y palmadita en la espalda. Qué va. Hablo de algo mucho más hermoso. Hablo de cumplir. De estar cuando se dice que se va a estar. De aparecer cuando se debe, no cuando a uno le cuadra en la agenda del propio ombligo. A eso le llamo tener clase. Una asignatura que no se estudia en ninguna universidad privada de moqueta y corbata. Se mama en la mesa familiar o se va tallando a base de pequeños esfuerzos diarios. Casi........
