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La integración que América Latina ya tiene

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07.09.2026

Montevideo ocupa un lugar singular en la historia de la integración latinoamericana. Allí, hace más de cuatro décadas, nuestros países establecieron una arquitectura que tuvo la inteligencia de reconocer algo que sigue siendo válido: América Latina comparte intereses y aspiraciones, pero está compuesta por economías de diferentes dimensiones, estructuras productivas y niveles de desarrollo.

El pasado 2 de septiembre volvimos a reunirnos en esa ciudad los representantes de los trece países miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración, en ocasión de la Vigésima Reunión de su Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores. Adoptamos decisiones institucionales importantes, acordamos orientaciones para el trabajo futuro de la Asociación y designamos por consenso al boliviano Adhemar Guzmán Ballivián como próximo Secretario General de la ALADI.

La reunión merece una lectura que vaya más allá de esas decisiones.

El contexto internacional en el que opera hoy nuestra región es muy diferente al de hace algunos años. Las cadenas de suministro se reorganizan, las consideraciones geopolíticas tienen una incidencia creciente sobre las decisiones económicas y comerciales, aparecen nuevas exigencias tecnológicas y ambientales y aumenta la competencia por mercados, inversiones y capacidades productivas.

Frente a esa realidad, América Latina no necesita comenzar nuevamente la discusión sobre la integración. Ya tenemos instituciones, acuerdos, experiencia negociadora y un importante patrimonio jurídico. Lo que necesitamos es utilizar mejor aquello que hemos construido.

Ahí encuentro una de las principales fortalezas de la ALADI.

El Tratado de Montevideo de 1980 no diseñó una estructura uniforme ni obligó a que todos sus miembros avanzaran de la misma manera y a la misma velocidad. Optó por el pluralismo, la convergencia, la flexibilidad, los tratamientos diferenciales y la multiplicidad de instrumentos. Esa concepción permitió que, a lo largo de los años, países con distintas orientaciones económicas pudieran seguir encontrándose dentro de una misma institucionalidad.

Esa flexibilidad no es........

© El Deber