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Evo, el Tío (o la esquizofrenia moral)

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17.09.2026

En el imaginario minero boliviano, el Tío es ambivalente: habita el subsuelo, concede riqueza, pero también representa el accidente y la muerte. Los mineros le presentan ofrendas porque reconocen su poder. En la superficie veneran a Dios y a la Virgen; bajo tierra negocian con el dueño de la mina.

Esta complejidad andina merece respeto. El Tío no es Satanás trasladado al socavón, sino resultado del sincretismo entre concepciones andinas y cristianismo colonial. Cada poder pertenece a su territorio.

La fractura comienza cuando esa división territorial divide también la conducta. Quien depende de un poder que protege y amenaza aprende a tratarlo no según lo justo, sino según lo necesario para sobrevivir: alimentarlo, obedecerlo o apaciguarlo. Surge un doble código: en la superficie se proclaman principios; en el inframundo mandan miedo, necesidad y dependencia. Unos valores legitiman lo dicho; otras reglas gobiernan lo hecho.

A esa separación entre moral proclamada y conducta practicada podemos llamarla “esquizofrenia moral”. No es una enfermedad ni la coexistencia entre Dios y el Tío, sino adaptación al sometimiento: saber cuándo hablar, callar, negociar, resistir o mirar hacia otro lado. Puede facilitar la supervivencia, pero se vuelve corrosiva cuando coloniza la vida pública. El favor sustituye a la regla, la lealtad a la........

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