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Cara a Cara

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En la Plaza Murillo no hubo orden, hubo exceso. Policías empujaron a manifestantes y rociaron gas en la cara de periodistas que registraban el operativo. No hay argumento técnico ni protocolo que justifique esa escena. Se llama abuso. Y la pregunta no es si ocurrió —eso está registrado—, sino si el Gobierno dirá algo. Pero en serio.

Mientras tanto, en Santa Cruz, la salud pública funciona con calendario de protesta. Cada lunes se pregunta qué día habrá paro; cada viernes, cuántos días se perdieron. Son al menos seis mil consultas suspendidas por jornada. No es estadística: es gente que no fue atendida. El gobernador electo tiene ahí su primera prueba. No admite discursos. Exige gestión.

Y en el ámbito municipal, queda otra pregunta abierta: ¿cuál será la marca de gestión de Jhonny Fernández? ¿El conflicto del Mutualista, los basurales, la manipulación informática, el pororó del desayuno escolar o parques que se convierten en monte? Opciones sobran. Resultados, menos.

En el frente económico, la renuncia en YPFB volvió a encender una alarma conocida. El sector hidrocarburífero no necesita ajustes, necesita un giro. La nueva ley sigue siendo una promesa en pausa. Al paso que vamos, tendremos que importar gas natural en lugar de exportarlo. Sin reglas claras, no hay inversión, no hay exploración, no hay reservas. Anunciar ya no alcanza.

El problema no es la falta de temas. Es la falta de respuestas. Y cuando eso pasa, el desgaste deja de ser político: se vuelve cotidiano.

(*) César Del Castillo es editor


© El Deber