Cuando el padre es el depredador
Imaginamos nuestra casa como refugio y al padre como protector; y, cuando este se convierte en agresor sexual de su propio hijo, se produce una doble abominación: se ataca la integridad de un niño y se traiciona el vínculo primario que debía protegerlo. El depredador ya no acecha desde la calle: está en casa y el niño lo llama papá.
Radio Tv. Española señala que el 80% de los menores agredidos sexualmente conoce a su agresor. En Bolivia pasa algo semejante. Según el Observatorio Boliviano de Seguridad Ciudadana, entre enero y septiembre del 2025 se recibieron 1.461 denuncias de violación contra niñas, niños y adolescentes; en el 43% de los casos, el denunciado era un familiar de la víctima. También se contabilizaron 1.433 denuncias por abuso sexual; y, en el 48%, el presunto agresor era un familiar.
Las denuncias registradas, no son la totalidad de los hechos. En criminología se conocen las “cifras negras” al contrastar entre la delincuencia real, la aparente (denuncias que ingresan al sistema) y la legal (sentencias). En la violencia sexual infantil, esa oscuridad es profunda.........
