Iván, el terrible
Iván Poduje acaba de prometer que si no consigue reconstruir Viña del Mar renunciará, y no es una frase más sino pura performance, puro Poduje post-estallido, el técnico convertido en gladiador mediático, el experto que aprendió que en Chile ya no basta con tener razón sino que hay que tener enemigos, los enemigos correctos, esos que te convierten en héroe de los que no tienen tiempo para matices ni paciencia para explicaciones.
Los que esperaban que el gobierno de Kast sería tranquilo, consensual, pueden enterrar esa ilusión. En casa, uno de sus ministros estrella ya empezó su propio incendio: Poduje lleva un mes en funciones y ya tiene una carta de indignación firmada por profesores, y titulares que lo persiguen como sombras, justo lo que necesita, justo lo que quiere, porque entendió algo que muchos de su generación tardaron en entender: que tener enemigos en las universidades es la mejor manera de tener amigos en cualquier otro lugar, que pelearse con las buenas conciencias —donde hay no pocos amigos y colegas suyos— es una forma de ser en el mundo, una forma de conectar con ese mundo de allá afuera que vive en la perpetua impaciencia de no encontrar soluciones a sus problemas.
Yo lo sé porque viví esa transformación también, porque crucé esa misma frontera, porque Poduje fue testigo de mi propio aprendizaje en la gresca. Fue cuando se incendiaba Valparaíso, cuando las llamas devoraban los cerros y toda la ciudad parecía a punto de caer al mar. Él vino de panelista a una radio en que yo trabajaba. Me lancé ahí a unas declaraciones especialmente insensibles sobre los........
