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¿Es de ultraderecha el actual gobierno?

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21.08.2026

Qué hacer? Así llamó Vladimir Lenin a su ensayo más importante. Sacó el título de una novela de Nikolái Chernyshevski, que fue la respuesta —maravillosamente segura de sí misma— a la perplejidad de la generación que inventó el nihilismo. Ante el poder omnipresente de los zares, la oposición cayó en la desesperación. Algunos se lanzaban con bomba y todo a matar uno a uno a los aristócratas que encontraban. Otros se convertían en sacerdotes místicos o se acusaban de delación y de traición, subdividiéndose en grupos cada vez más pequeños dedicados a sabotearse mutuamente.

Leyendo el documento final del congreso del Frente Amplio, uno huele la misma desesperación. Una serie de eslóganes contradictorios, de ideas incompatibles, conviven en él, en perfecto desorden. La promesa de no cometer los errores que los alejaron de las mayorías populares sigue a una serie de términos y conceptos que en rigor solo pueden alejar más a esas masas que hoy se añoran. Lo único en que el documento se pone de acuerdo es en nombrar a su enemigo: “la ultraderecha”.

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Volviendo a la polémica de estos días, ¿es de ultraderecha el gobierno abiertamente conservador que nos gobierna? ¿Es productivo llamarlo así? ¿Aleja o acerca a quienes votaron por Kast y que hoy, según todas las encuestas, se sienten decepcionados de su gestión o de la falta de ella?

Carolina Tohá, líder ahora algo más que espiritual del sector, quiso zanjar la cuestión en una columna de opinión publicada en La Tercera. En ella define de manera amplia la ultraderecha como el sector conservador que, nostálgico de la dictadura, cuestiona los procedimientos de la democracia liberal. La ultraderecha sería entonces otra manera de llamar a la “derecha iliberal”, término ligeramente cursi con que las ciencias sociales han intentado englobar en el mismo fenómeno a personajes tan variados como Bukele, Trump, Milei u Orbán.

Meloni, gracias a su distancia con Trump y su cercanía con la causa palestina, ha ido borrándose de la lista. Una lista en la que nunca aparecen Ortega, Delcy Rodríguez o Díaz-Canel. No es que nadie los libre de culpa, sino que pertenecen a otro club, con el cual la izquierda de la izquierda —que empieza en el PC— puede convivir perfectamente en algo más que la espantosa ambigüedad. ¿Pero son esencialmente distintos los........

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