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06.01.2026

La reacción de la izquierda chilena y latinoamericana ante la operación militar de Estados Unidos en Venezuela no sólo resulta predecible. Es, sobre todo, obscenamente cínica. De pronto, quienes durante años relativizaron, minimizaron o derechamente validaron una de las dictaduras más brutales del continente, descubren una súbita vocación por el derecho internacional, la soberanía y la no injerencia.

Hay que decirlo con claridad. La intervención de un país en otro, y más aún cuando adopta una forma militar, no es deseable. Nunca lo es. Idealmente, Nicolás Maduro debió haber abandonado el poder por la vía democrática tras perder por paliza las elecciones que decidió robarse. Ese era el camino correcto. Pero la política no se analiza en el vacío ni se juzga con superioridad moral retrospectiva. Se analiza a la luz de los hechos. Y los hechos son brutales.

Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela inició un proceso de demolición institucional sin precedentes en América Latina. No fue un accidente ni un desvío temporal. Fue un proyecto político deliberado, sostenido en el tiempo, perfeccionado por Nicolás Maduro y protegido activamente por buena parte de la izquierda regional. Mientras se cerraban medios, se encarcelaba a opositores, se torturaba, se asesinaba y se empujaba a........

© El Dínamo